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Tequilita, Nayarit, Mexico

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Resurgimiento de la Devoción Religiosa

La adopcion de un Santo Patrono


Los nativos del poblado de Tequilita profesaban la religión católica desde el régimen latifundista pero como carecían de templo se veían en la necesidad de acudir a las parroquias de los pueblos vecinos a recibir los sacramentos. Así pues, el culto religioso se mantuvo discreto por varias décadas. Con la aparición del Ejido y la consecuente modificación de las relaciones sociales, se crearon las condiciones favorables para el resurgimiento de la fe religiosa. Ya era el momento de que aquélla congregación de humildes campesinos adoptara un Santo Patrono o Protector del Pueblo.


Los peregrinos de Talpa


Como consecuencia de una tradición secular, pasaban por el potrero de "la Laguna" grupos de fieles religiosos que realizaban, todos los años, el peregrinaje desde Tepic hasta el Santuario de Talpa de Allende Jal. El recorrido consumía por lo menos dos semanas. La festividad principal en honor de la Virgen del Rosario de Talpa se celebra el 2 de febrero, por lo que los peregrinos llegaban a Tequilita entre el 18 y 25 de enero, y luego proseguían su camino rumbo al Sureste hasta internarse en la inhóspita sierra del Estado de Jalisco, En la actualidad, siguen realizándose éstos peregrinajes, aunque ya no se emplea demasiado tiempo debido al progreso que se ha alcanzado en vías de comunicación y medios de transporte.


Aparece un noble precursor


Asomaba el año de 1944 (dos meses antes se había dado posesión definiva de tierras al poblado), cuando entre un grupo de fieles que hacían escala en Tequilita, destacaba un joven peregrino originario de Talpa y avecindado en Tepic, que portaba una imagen de la Talpeña, copia fiel de la original. La efigie fue mostrada, por petición unánime, a las personas del poblado, quienes quedaron cautivadas por la belleza plástica y regia de la Virgencita a tal grado que quisieron rendirle un digno homenaje (Estrada, 1992). Pero la ocasión no fue propicia para realizar aquel deseo emanado de la contemplación. Como estaba muy próximo el 2 de febrero, el joven Luis Guadalupe propuso traerles la Imagen a su regreso del Santuario, pues su intención era la de “tocar” el preciadísimo objeto con la Virgen de Talpa original. Así fue como apareció el gran precursor. Tampoco se realizó el homenaje en los meses subsiguientes, pues Guadalupe regresó apresuradamente a Tepic a visitar a su padre, gravemente enfermo. Llegó el verano y el asunto aún permanecía sin resolverse.


El arribo de una carta, firmada por Luis Guadalupe Ahumada, cambió el destino histórico del poblado. El documento, donde se solicitaba un recibimiento de la Imagen de Talpa, llegó a principios de septiembre del mismo año. En ese mes se hacían festejos en el Santuario de Talpa. Era el momento de preparar el homenaje. Con la mayor rapidez, se divulgó el contenido de la misiva entre los habitantes y se formó un Comité de Festejos, encabezado por los Sres. Francisco Guznián y Juan Lamas (González, 1991). Inmediatamente se dió respuesta a la carta señalando que la celebración sólo duraría tres días (Triduo) en vista de la imposibilidad, en ese año, de completar un novenario.


Primera llegada de la Imagen Sagrada


La eficiente y rápida organización de los pobladores del lugar hizo posible el traslado de la Efigie Sagrada por ferrocarril cubriéndose, de este modo, la distancia de 58 km que separa a Tepic de Cerro Pelón, anexo de Tequilita. El primer recibimiento oficial se verificó el 16 de septiembre de 1944 y para ello fue necesario que los nativos caminaran hasta la estación de Cerro Pelón a esperar el arribo del tren. Dicha estación se encuentra a 2 km de Tequilita, con rumbo al Poniente. Desde aquél lugar llevaron en andas a la Virgen de Talpa hasta un altar provisional que se le erigió en el antigüo edificio de la hacienda, pues aún no existía teplo para el culto religioso. Por el camino se rezaron oraciones y se cantaron alabanzas (Estrada, 1992). En ningún momento cesó la veneración.


Celebración de las Fiestas Patronales de Septiembre


Con la primera llegada de la Imagen Sagrada comenzó a consolidarse un marco de culto y devoción religiosos, que resultó trascendental en la existencia del poblado. El júbilo continuó los días 17 y 18, hasta culminar en el 19 de septiembre, fecha festiva por tradición. Pero no todo iba a quedar ahí. Los habitantes abogaron ante Luis Guadalupe ("Don Lupe") para que el culto se volviera permanente; es decir, se solicitaba la presencia de la Imagen todos los años, a mediados de septiembre, bajo promesa de celebrarle un novenario (González, 1991). La respuesta fue afirmativa pero imponía una condición: la Virgen necesitaba un teplo en su honor. Era necesario empezar a edificarlo desde los cimientos. La obra quedaría concluída una década después.


El culto religioso se proyecta hacia la posteridad


El pueblo de Tequilita tuvo que esperar casi diez años para poder ofrecer a su nueva Patrona un recinto digno. Se puede considerar este lapso como un período de gestación. En una década se crearon los cimientos que habrían de sostener toda la estructura de la tradición festiva religiosa. De hecho, el culto se proyectó hacia la posteridad. Las generaciones venideras se encargarían de perpetuar ese marco de veneración para darle a la Tradición su madurez plena.


Los altares provisionales


Como es de suponerse, en las prímeras celebraciones se erigieron altares provisionales, cinco años en el edificio de la hacienda y otro lustro, en el templo aún sin techo. Era frecuente que lloviera en los días del novenario, a mediados de septiembre, y ello obligaba a que los altares se cubrieran con ramas y otros materiales rústicos (Estrada, 1992). Debido a esta circunstancia los pobladores decidieron mudar la fecha de los festejos, de septiembre a octubre. A principios de los cincuentas, quedó establecido el novenario, del 11 al 19 de octubre, tal y como lo dicta la Tradición hasta nuestros días. Junto con el altar provisional desapareció también la primera Imagen que conocieron los fieles. Otra, idéntica a la anterior, llegaría a ocupar el recinto construído en honor al Santo Protector del pueblo.


La construcción del templo


Oficialmente, el templo comenzó a edificarse en el año de 1946. La dificultad inicial fue encontrar un lugar idóneo para la erección de un recinto sagrado. Por fin, se decidió construir sobre los cimientos que estaban proyectados para un almacén. El solar tenía las siguientes medidas: 11.6 m de frente, 9.7 m en la parte posterior y alrededor de 23 m de fondo. Las dimensiones del local y su ubicación fueron factores decisivos para la elección, por acuerdo de la Asamblea (González, 1991). El recinto, para honrar a la Virgen de Talpa, terminó de edificarse en mayo de 1954, pero aún le faltaba un recubrimiento al piso y el altar estaba inconcluso. El traslado de la nueva Efigie, donada por Don Lupe, tuvo que aguardar hasta la entrada del otoño (Fig. 14).


El juramento


Así pues, la Imagen llegó a tomar posesión de su nuevo templo, el 10 de octubre de 1954 (según placa de granito incrustada en la pared del costado derecho del recinto), donde continúa venerándose hasta nuestros días. Esta vez, el traslado se hizo de Guadalajara a Cerro Pelón (Lemus, 1993). El recibimiento, en la estación del ferrocarril del pueblito vecino, hizo recordar la primera llegada de la Virgen, diez años antes, con la diferencia de la velada que le brindaron los devotos del Cerro Pelón. Después de recibir tantos homenajes y con el comienzo del novenario, la Virgen llegó en andas a su destino final, el 11 de octubre por la tarde. El primer ingreso al templo fue grandioso, al igual que las festividades en su honor.


Ese año también fue memorable, pues el día de la víspera (18 de octubre) cuando estaban congregados los nativos y los visitantes de pueblos circunvecinos, se adoptó oficialmente el culto a la Virgen. El evento fue presidido el Señor Cura Francisco Corona, En una ceremonia solemne, los vecinos del poblado de Tequilita, bajo juramento, Jeclararon a la Stima. Virgen del Rosario de Talpa, Reina y Patrona del lugar (González, 1993).


Aquel momento fue inolvidable: lleno de amor, veneración y respeto. Desde entonces, el pueblo adquirió un compromiso espiritual con la Imagen. Cuarenta años después, el recuerdo permanece vivo y los vínculos parecen indestructibles. Es cierto que ya no existen muchos de los partícipes de aquél juramento, no obstante, el culto sigue reafirmándose año tras año, especialmente en las festividades de Octubre.



DEL JURAMENTO A LA CORONACION (1954-1969)

La vida rural


El plano del ejido definivo para el poblado de Tequilita fue aprobado por el Cuerpo Consultivo Agrario el 15 de noviembre de 1949. Después de esta fecha continuó efectuándose el reparto agrario hasta la década de los noventas, en que prácticamente se terminó con esa etapa de la reforma agraria. Sin embargo, no desaparecieron las fricciones entre los ejidatarios y nuevos solicitantes de tierras, dentro del mismo ejido.


También se presentaron conflictos con los linderos mal delimitados, que obligaron a los agricultores a invertir esfuerzos y recursos en comprobar la posesión legal de las parcelas (Pérez, 1994). Esta inseguridad se reflejó en la duda por producir en terrenos que estaban expuestos a cambios de propietario.


Otra dificultad para los productores fue la excesiva parcelización. Con la Resolución Presidencial se le otorgó a cada solicitante un promedio de ocho hectáreas, pero al crecer el número de ejidatarios la dotación inicial se redujo hasta la mitad. Además, después de 1971 no fue posible realizar más ampliaciones dentro del ejido, por lo que no se atendió la demanda creciente de nuevos solicitantes (Pérez, 1994). Las parcelas muy pequeñas se volvieron incosteables, ya que las cosechas no alcanzaban para vivir. Esa es la razón por la cual muchas personas originarias del poblado decidieron emigrar hacia la Unión Americana, en busca de mejores condiciones de vida.


Otro factor digno de mencionar es el carácter estacional de la agricultura local. Durante al año agrícola se alternan períodos de intensa actividad con épocas de desocupación absoluta. Cuando se presentan las cosechas, la mano de obra es escasa y cara, por la urgencia de levantar rápidamente la producción. En cambio, en otras etapas de desarrollo de los cultivos existe la subocupación, con el consiguiente descenso del salario rural.


Desde su erección como ejido el poblado de Tequilita ha producido granos básicos, principalmente maíz y frijol, bajo las contingencias del ciclo Primavera-Verano (temporal), que comprende de julio a diciembre. En los años cincuentas, aún no se habían introducido los adelantos de la tecnología en las prácticas agrícolas de los campesinos (Lemus, 1993). La creación de obras de infraestructura y la llegada de los primeros tractores tuvieron que aguardar una década.


El culto se vuelve oficial


Con la adopción de un Santo Patrono, la edificación del templo y la posesión definitiva de tierras, el poblado adquirió tradición, autonomía y reconocimiento legal, tanto de las instituciones civiles como de las eclesiásticas. A partir de entonces pudo labrar su destino histórico. De ningún modo, permaneció ajeno a la modernización impulsada por los gobernantes de la entidad. El culto religioso le confirió unidad en su categoría política de congregación. Desde la fecha del Juramento, la Diócesis de Tepic le otorgó el carácter oficial a ese marco de devoción y veneración cristianas, que cada vez congregaba mayor número de fieles en torno a una Imagen Sagrada.


Así, desde la fecha del juramento surgió, entre los fieles, la idea de conmemorar en un aniversario especial el resurgimiento de la fe religiosa, Los primeros trámites se realizaron ante el Obispo de la Diócesis, quien sugirió tomar como referencia el año del primer festejo, es decir, el de 1944, cuando se logró celebrar un Triduo. Con esta iniciativa se proyectó el año de 1969 para la solemne coronación de la Virgen de Talpa, en la celebración de las Bodas de Plata (Castro, 1992). Mientras tanto, bajo la dirección de Don Lupe, las Fiestas Patronales adquirían cada vez mayor esplendor con la aparición característica de cánticos y procesiones, música y cohetes, y júbilo sin límites.


Los preparativos de las Bodas de Plata


Desde 1954, Tequilita pasó a formar parte de la Vicaría de El Conde (hoy, Parroquia) y estuvo atendido periódicamente por un sacerdote de la Diócesis durante algunos años. Sin embargo. la Vicaría se quedó sin ministro en el año de 1961, por lo cual dejaron de oficiarse misas en un lapso de dos años. La vacante fue cubierta por el presbítero José Castro Reyes, quien llegó al poblado el 17 de marzo de 1963), y rápidamente se convirtió en un valioso elemento apoyando la organización de las festividades de octubre (Lemus, 1993). Junto a Don Lupe Ahumada desempeñó un papel de fundamental importancia en el diseño y cristalización del evento más relevante de la década: la celebración de las Bodas de Plata.


Una vez que los fieles contaron con la autorización de la Diócesis se iniciaron los preparativos de la gran celebración esperándose, con vehemencia, el año del aniversario. Con anticipación, se hizo el encargo de la corona y el vestido especiales para el acto solemne (González, 1993). También los atuendos de la Imagen Sagrada fueron diseñados cuidadosamente. No se escatimaron recursos en ningún momento. Se preparaba coronación de una Reina. El sitio elegido fue poblado de eucaliptos, que la cobijarían con sus frondas.


El Comité de Festejos para el año de 1969, estuvo integrado por los Srs. Pedro Lemus González, Juan Rosales Estrada y Benjamín Cornejo López; presidente, secretario y tesorero, respectivamente, quienes trabajaron con ahínco en la recaudación de fondos (Rosales, 1994). Todas las Fiestas Patronales son financiadas con las aportaciones monetarias de cada uno de los padres de familia. Como es de suponerse, un evento de gran magnitud requiere de una mayor erogación. Así, el año especial presentó una notable excepción con respecto a las tradicionales fiestas, ya que la celebración se pospuso, y aún así no se contó con la asistencia del Obispo de la Diócesis (Castro, 1992). El acto de coronación finalmente fue realizado por un representante. El día elegido fue el 12 de noviembre de ese mismo año.


El momento más emotivo


Para la ceremonia de coronación se erigió un altar, frente a la casa de los esposos Salvador González y Antonia Cornejo, al pie de un eucalipto (González, 1993). Hay que señalar que las misas concelebradas comenzaron a presentarse en la explanada frente al templo debido a la incapacidad de éste para albergar a la numerosa congregación de fieles. El recinto resultaba demasiado reducido para dar cabida a la respetable cantidad de visitantes de pueblos circunvecinos.


En aquel otoño, todo estaba listo para la celebración. Se había congregado una abigarrada multitud en la explanada, para escuchar la misa de coronación presidida por el Pbro. Manuel Rivera Topete, representante del Señor Obispo, y concelebrada por los Pbros: Silverio Salcedo, Ricardo García Lepe, Salvador Místico, Pedro Zepeda, Ramón Herrera y José Castro Reyes.


La nueva era de las festividades religiosas


Después de la celebración de las Bodas de Plata la tradición festiva-religiosa cobró mayor fuerza y relevancia a nivel regional. La devoción y el culto a la Virgen de Talpa, presente a cada momento, alcanzaba todo su esplendor en las fiestas de octubre, con un despliegue significativo de recursos materiales y un gran esfuerzo humano.


El Comité de Festejos de cada año, asumía el reto de superar a su antecesor, misión que se tomaba más dificil conforme se adentraba en la década de los setentas. Tras la organización de los eventos estrictamente religiosos se encontraba el talento y la imaginación creativa de Don Luis Guadalupe Ahumada.


El Pbro. José Castro Reyes también desempeñó un papel de primordial importancia en su calidad de Ministro y guía espiritual del poblado. Ha participado ininterrumpidamente en los eventos religiosos efectuados en las últimas tres décadas. Bajo su ministerio se perfeccionó el esquema del novenario.


Desde 1970 el novenario en honor a la Virgen de Talpa ha consistido en lo siguiente: día 11 de octubre, rompimiento de las fiestas a las 0:00 hrs con un estallido de cohetes, procesión de alba y mañanitas a las 5:00 a.m., procesión vespertina a las 7:00 p.m., recepción de peregrinación a las 8:00 y rosario, donde se hace un ofrecimiento de flores.


Las actividades se repiten cotidianamente hasta el día 17, con la diferencia en el organizador en turno, quien tiene la opción de escoger el itinerario de la procesión y de aportar nuevas ideas para enriquecer cada acto de celebración. Normalmente las procesiones o contingentes que realizan un recorrido están integrados por el grupo de danza de mujeres guiado por un violinista, el portador del estandarte, las jóvenes con ofrendas, el carro alegórico, las cantantes de alabanzas, la orquesta de músicos y el público en general, que lleva las velas encendidas. En la procesión de alba frecuentemente se omiten la danza, las ofrendas y el carro alegórico. En el transcurso del día los habitantes no modifican sus costumbres respecto a otras épocas del año, con la salvedad de que destinan su tiempo libre a realizar preparativos para cada día específico del novenario.


En la víspera (día 18) comienzan a llegar visitantes de diferentes puntos de la región para participar en el evento magno del último día del novenario. En este día aparecen las misas y los juegos pirotécnicos nocturnos. También se lleva a cabo el primer baile anual de la serie. La alegría de la víspera anticipa el esplendor del diecinueve, y funciona como día de transición si se consideran algunas diferencias cualitativas entre éste y los anteriores. El dieciocho merece denominarse "día del preámbulo", ya que por la noche se efectúa una velada en donde se recibe con júbilo la anhelada fecha.


En el día bienaventurado la alegría no cesa por ningún instante. Las veinticuatro horas del día se llenan de movimiento y energía. Al llegar la aurora los habitantes se incorporan a la procesión, luego a las mañanitas de las 5:00 a.m. organizadas por todo el pueblo, para concluir en la misa de alba. A las 9:00 se celebra la misa de Primeras Comuniones. Una hora después, siguen las confirmaciones, y a las 11:00 se efectúa la recepción de los sacerdotes vecinos, quienes al mediodía ofician una misa concelebrada, que tiene una duración aproximada de hora y medía (Fig. 25). La celebración litúrgica se lleva a cabo al aire libre, concentrándose la multitud en la plazuela principal. El altar se protege del sol con una lona de grandes dimensiones. A esa hora, la pequeña explanada se ve invadida por centenares de fieles, quienes no obstante las incomodidades del lugar permanecen atentos y manifiestan abiertamente su devoción a la Bendita Imagen.


Por la tarde se realiza el recorrido mayor por el pueblo. Se comienza a las 4:00 para finalizar a las 6:00 p.m. Por única ocasión la Imagen de Talpa es llevada en andas hacia todos los rincones del poblado transitándose por las callejuelas más apartadas. Al regresar al templo, se reza un rosario de acción de gracias por las *bendiciones recibidas en el transcurso del novenario. Así concluye el ciclo de eventos religiosos. Casi a la medianoche, aparecen los juegos pirotécnicos con su brillante colorido para acompañar al segundo baile anual, que se realiza con motivo de las Fiestas Patronales.


Extraoficialmente, las festividades continúan hasta el día veintidós, pero sólo se presentan corridas de toros y bailes anuales en los últimos tres días. Los eventos posteriores al novenario son organizados por un Comité especial. De hecho, a partir del día veinte desaparece el elemento religioso en las festividades y lentamente declina el curso de ls mismas hasta que todo vuelve a u cauce normal.


Las Fiestas Patronales de los años setentas no presentaron mayores novedades en su desarrollo. Siguieron asistiendo los mismos sacerdotes ya partícipes de la tradición, los visitantes de pueblos circunvecinos e hijos presentes y ausentes de Tequilita. Las festividades representan la oportunidad de congregar parientes lejanos, amigos y vecinos. Por unos cuantos días la localidad ve duplicada su población.


En 1981 la Diócesis de Tepic designó a un nuevo Obispo, al prelado Alfonso Humberto Robles Cota, quien al año siguiente se dedicó a realizar visitas pastorales a todas las Parroquias de la misma Diócesis. El pueblo de Tequilita lo recibió calurosamente en noviembre de 1982, teniendo a la cabeza al Pbro. José Castro y a Don Lupe Ahumada. Durante su estancia ofició una misa solemne en presencia de los fieles católicos. También rindió culto a la Bendita Imagen de Talpa agradeciendo la hospitalidad de los anfitriones. Este fue otro suceso memorable en la vida religiosa de la totalidad.


Desaparecen dos protagonistas de las Fiestas Patronales


A la visita pastoral de 1982 le siguió un período de esplendor de las fiestas de octubre. La tradición festiva-religiosa se mantuvo apegada a su origen mientras existieron los pioneros de la misma. Es indudable que el éxito de cada novenario dependía del nivel de organización interna. En tomo al espíritu de la tradición gravitaban nombres como los de Luis Guadalupe Ahumada, Manuel Rivera Topete, José Castro Reyes, y otros distinguidos personajes. Conforme avanzaba el tiempo se hacía más plausible la llegada de una nueva celebración y la improbabilidad de formar parte de ella.


Ya a mediados de los ochentas, comenzó a resentirse la ausencia del guía y patrocinador los festejos religiosos, con un notorio descenso en la calidad de las festividades. Después de haber dirigido y organizado los eventos del novenario por un lapso de cuatro décadas ininterrumpidas Don Guadalupe Ahumada dejaba en el seno de la tradición un vacío inconmensurable. Una repentina enfermedad lo marginó de las fiestas de octubre y lentamente lo condujo a la tumba, en agosto de 1989. A la desaparición de Don Lupe le siguió la del Pbro. Manuel Rivera, a quien se recuerda respetuosamente por su participación en misas concelebradas desde el año de la coronación. Así, en un par de años la tradición perdió a dos de sus más distinguidos protagonistas cuando se acercaba el aniversario número cincuenta de la misma.


Las Bodas de Oro


Los preparativos para comnemorar el cincuentenario de la tradición festiva-religiosa se realizaron con suficiente anticipación. El Comité de Festejos estuvo integrado por José López Medrano, Santos Flores Comejo y Amelia Bañuelos. Los jóvenes del poblado formaron dos grupos de danza tradicional, uno integrado por varones y otro por doncellas. El primero fue dirigido por Francisco Vera, y el segundo, por Jesús Cordero. La danza de los varones simula la conquista de México por los españoles. Las personas adscritas al movimiento de renovación católica intervinieron en la organización general del novenario. Para la interpretación vocal de las alabanzas se eligieron a las Sras. Ramona Comejo, Margarita González y Ma. del Rosario Rosales. También se prepararon niñas menores de 6 años, para hacer el ofrecimiento de flores dentro del santo rosario. Se compraron grandes cantidades de cohetes, velas, flores y adornos. Además se contrató a la Banda "Generación Musical” de los Aguajes Nay. para acompañar a las procesiones, mañanitas y rosarios. Todo estaba en orden al despuntar el otoño de 1994. Se esperaba un magno acontecimiento.


Las festividades comenzaron con sus procesiones, mañanitas y rosarios cotidianos. Al tercer día se presentaron lluvias, nublados y ventiscas que desalentaron a algunos fieles. El mal tiempo duró dos días. El sábado 15 volvió a brillar el sol y con ello se recobró la animación y el júbilo. Con la llegada del Pbro. Vicente Flores se modificó el horario del rosario otorgándosele prioridad a la misa cuya celebración fue fijada a las 8:00 p.m. después de la recepción de las peregrinaciones. Posteriormente llegaron las religiosas evangélicas y eucarísticas Rita Galindo y Elvira Sánchez para brindar apoyo en los eventos religiosos.


En forma casi imperceptible llegó el grandioso día diecinueve. En la víspera había correspondido a los fieles del vecino poblado de Cerro Pelón organizar las peregrinaciones. Se turnó el cierre del novenario a todo el pueblo de Tequílita, que respondió en forma excepcional al llamado en una de las procesiones más concurridas que se recuerden. Ese día, la gente acudió masivamente a las mañanitas y a la misa de alba de las 5:00 a.m. y luego retornó a sus hogares a vestirse con sus mejores galas. A las 9:00 comenzó la misa de las Primeras Comuniones, a la que se ligó una serie de Confirmaciones. En esos momentos ya estaban presentes los visitantes de Amado Nervo, Carrillo Puerto, Coastecomate, Zapotán y otros lugares de la región. En el transcurso de la manana se erigió un altar en la explanada justo en dirección a la fachada del templo. Allí se efectuó la Misa de Coronación de la Virgen de Talpa por los hijos presentes y ausentes del poblado.


A las 11:30 a.m. se recibió al Obispo de la Diócesis de Tepic, Alfonso Humberto Robles Cota, quien llegó a presidir la misa anual. Al prelado le acompaño el Vicario episcopal de la zona sur (Ahuacatlán) Cornelio Valdés y los sacerdotes vecinos: Ricardo García Lepe, Isidro Bonilla, Tereso Muro, Roberto Gradilla, Erenesto Isiordia, Silverio Salcedo, Eduardo Rodríguez, David Medina, Jaime Paredes, Vicente Flores, Agustín Bayardo, José Castro y David Orozco Solís, éste último perteneciente a la Diócesis de Texcoco (Castro, 1992). Nunca antes habían participado 15 ministros en una misa concelebrada de las Fiestas Patronales. Desde el recibimiento del Señor Obispo y demás presbíteros no cesaron los estallidos de cohetes, el bullicio y la música. Además de la Banda de los Aguajes estuvo presente el grupo "Reforma Musical" y la Banda de Guerra de la escuela secundaria "Constitucíón" de Compostela Nay. dirigida por el Profr. J. Jesús Salazar López.


Enmedio de la abigarrada multitud dio inicio la santa misa a las 12:30 hrs. Después de la lectura de los evangelios siguió un sermón de Señor Obispo haciendo referencia al aniversario especial. A las 13:00 hrs se acercaron al altar los Srs. Salvador Estrada Ocampo, alcalde de San Pedro Lags., J. Jesús Robles y Ma. de la Paz Rodríguez, a hacer entrega de la corona de la Virgen, el resplandor de la misma y la corona del Niño. Los sacerdotes recibieron los objetos, que iban depositados en charolas metálicas, y enseguida el prelado Robles Cota procedió a realizar la solemne coronación de la Virgen de Talpa, en el instante cumbre de las festividades de octubre. El tiempo pareció haber retrocedido 25 años rememorando aquella estampa del finado Pbro. Manuel Rivera.


Ese 19 de octubre de 1994 también fue un día lleno de magia y colorido. Por primera ocasión un Obispo de la Diócesis asistía al poblado a celebrar una misa de coronación. Los personajes y las circunstancias sólo se reúnen cada cuarto de siglo para verificar aquél acto. La misa concluyó casi a las 2:00 p.m. La Sagrada Imagen, nuevamente coronada, fue devuelta al templo,en donde continuó venerándosele.


A las cinco de la tarde se llevó a cabo una procesión por las calles principales del pueblo, en el mayor recorrido que se realiza dentro del novenario. La gente asistió al singular evento y manifestó su alegría cantando las alabanzas en honor a la Virgen de Talpa, llevada en andas. Los cánticos fueron acompañados con música de la Banda de los Aguajes. A las seis fue el regreso al templo, y en ese recinto los fieles rezaron un rosario de acción de gracias. Las festividades llegaban a una feliz conclusión. En los semblantes de los feligreses habían profundas ojeras por las desveladas cotidianas, pero la satisfacción brillaba en los ojos y el regocijo anidaba en cada uno de los corazones. Los juegos pirotécnnicos de aquélla noche iluminaron la esperanza de ver realizado un sueño más: ser testigos de los festejos de las Bodas de Diamante. Para algunos, el vislumbrar la entrada del siglo XXI sería demasiado pedir... esperar vivir otros 25 años... una utopía... Así se festejaron las Bodas de Oro en Tequilita.

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